viernes, 16 de noviembre de 2007

La alegría de la clase

Llevo un mes poco recomendable. Demasiados compromisos, en demasiados lugares, demasiadas lecturas esperando, demasiadas voces pidiendo. Y entre tanta locura, curiosamente una clase que relaja, que me sirve para olvidarme de los otros trabajos. Andamos ahora escribiendo -no sabría decir qué- y comentando métrica y retórica. Las recitaciones salieron bien. Me gustó la superación que vi en algunas alumnas antes incapaces de enfrentarse con seriedad a una actividad pública. Las rondas de opinión crítica van enriqueciéndose, las opiniones son ya algo maduras, finas, equilibradas... a pesar de que alguno aún diga tan sólo "ha estado bien".
Pero lo más común es la sonrisa y el aplauso. Nunca antes tuvimos tantos aplausos en clase. Hoy en las lecturas de sus textos, muchos han sido capaces de conmover a sus compañeros, por la gracia, por el arte, por la sensibilidad, por la dulzura con que han compuesto sus -no sabría qué-. Y no es de extrañar que me alegren el día, me den la tranquilidad que no tengo y me sienta afortunado de darles clase. Espero recordarlo cuando llegue mi etapa colérica y me enfade.
En lectura van bastante bien, la mayoría ha acabado el libro, algunos ya quieren el siguiente. La semana que viene aprovecharé la visita a la Biblioteca Municipal en la que vamos a ver la exposición Amar Leer del Centro Andaluz de las Letras para comenzar la preparación de las técnicas de lectura coral.
Gracias, por vuestra alegría (a pesar de que siempre les digo con mirada asesina: no me gusta que los alumnos sean felices).

1 comentario:

Cristina dijo...

Ni tampoco te gusta que tus esclavos dejen de remar...¿verdad?Enhorabuena. Yo he sido trasformada en una tal calico elctrónica de chiquitistán que salva al colegio de una enfermedad terrible (empollonosis crónica beta II) destruyendo las piletas de las clases...los concursos de narrativa de mi 1º es lo que tienen.