martes, 11 de septiembre de 2007

Visibilidad lectora

Señoras y señores, con todos ustedes, lo obvio:
"Lo que no es visible, es invisible"
¿Obvio? En absoluto, hay que recordarlo continuamente. Y uno de los aspectos a propósito del cual hay que recordar que si no se ve, no existe, es el libro, la lectura. Y no se ve, cuando debiendo verse, no se menciona; cuando quien lee, no confiesa: lo he leído.
Carlos Fisas, el autor de Historias de la Historia, comentaba un día en el programa radiofónico en el que colaboraba la anécdota que le ocurrió con un admirardor. Se le acerca y le pregunta: ¿de dónde saca usted esas anécdotas históricas tan graciosas? Y él le contesta: pues de los libros. El admirardor pierde el rostro de fan y lo reemplaza por una cara de decepcionado. - ¡De dónde pensaba que lo iba a sacar!- exclamaba Carlos Fisas, él sí decepcionado con toda la razón.
En general, las personas piensan que la sabiduría -cualquier sabiduría- surge porque uno la descubre por sabe dios qué misterios, como mucho porque alguien te la dice, pero ¡leerlo! Eso es como copiarlo. Sin embargo, saber algo por leerlo es precisamente la forma más propia de conocer, apropiarse la sabiduría -sea del tipo que sea- y tener ganas de difundirla (quien aprende algo leyendo suele querer decirlo inmediatamente).
Que no se suela pensar en el libro a la hora de adquirir una sabiduría es en parte culpa del sabio, que por problemas de imagen actual no quiere confesar que ha leído, y mucho menos que es sabio o lo pretende, a pesar de que sea profesor y esté todo el día intentando demostrar lo que sabe o domina, lo que intenta saber o intenta dominar.
Nuestros alumnos y alumnas no suelen pensar que lo que sabemos sea consecuencia de largos años de estudio, es decir, largos años de lectura (entre otras cosas). Como mucho, si damos la clase con el libro de texto, pensarán que lo sabemos por haberlo leído antes y además con cierta experiencia propia de nuestra edad. Esto fue lo que le dijo un alumno a una compañera: Señorita, este año tendrá que aprenderse un libro nuevo - porque habíamos cambiado el libro de texto de su curso. Como si la profesora no hubiera leído cientos de libros antes de dar siquiera la primera clase de prácticas.
De la lectura de ocio cabe decir lo mismo. ¿Quién no termina de leer con el deseo de contárselo a otra persona? Sea malo, sea bueno el libro. Yo comento hasta los libros que sé positivamente que no resultarían apropiados para el nivel donde los menciono. A veces, aludo también a ciertos estudios que he leído sobre Pedagogía o Didáctica, porque no necesito ocultar a mis alumnos y alumnas que me intereso por los escritos en que se explica cómo puede darse mejor una clase, aunque no consiga con ello mejorarla.
Si tú lees, ellos leen. Pero para que esto ocurra, ellos -y ellas- deben saber que tú has leído, deben escuchar tus comentarios sobre las lecturas que has hecho -buenas y malas-. Deben saber que lo que piensas y lo que dices no es sólo producto de una ocurrencia banal, fortuita o planificada.
En algunos cursos sobre enseñanza de la lectura que he impartido para profesorado, he incluido una sesión con una serie de ejercicios que concluían con este comentario descaradamente -y a propósito- pedante:

EL EJERCICIO QUE ACABAMOS DE HACER DEMUESTRA QUE LA SABIDURÍA (APRENDER) NO ESTÁ EXACTAMENTE EN LOS LIBROS, SINO EN EL LECTOR.

CUANDO LEEMOS, APRENDEMOS DEL AUTOR Y DE NOSOTROS MISMOS. ESTE APRENDIZAJE SE PRODUCE FRECUENTEMENTE EN FORMA DE RESPUESTA A PREGUNTAS.

DEBEMOS NO SÓLO HACER QUE LOS ALUMNOS LEAN PARA PREGUNTARLES, SINO PREGUNTARLES PARA QUE LEAN, A PARTIR DE LO QUE YA CONOCEN.

HACER PREGUNTAS CURIOSAS Y EJERCITAR EL PENSAMIENTO Y LA EMOCIÓN SON ACTIVIDADES QUE DEBEMOS HACER TAMBIÉN POR EL SIMPLE GUSTO DE DISFRUTAR DE LA SABIDURÍA.

USTEDES SON SABIOS, NO LO OCULTEN A SUS ALUMNOS, DEMUESTREN A SUS ALUMNOS QUE SON SABIOS Y HÁGANLES SABER QUE LO QUE SABEN EN PARTE LO CONOCEN PORQUE LO HAN PENSADO Y SENTIDO, EN PARTE PORQUE LO HAN VIVIDO Y SOBRE TODO, PORQUE LO HAN LEÍDO.

La modestia lectora sólo puede ser ignorancia lectora. Digamos lo que hemos leído, igualmente, confesemos lo que no hemos leído -otro tema interesante que comentaré pronto-, pero no dejemos que un telón oscuro oculte esos libros que nos permiten ser lo que somos: lectores y profesores, lectores y profesionales de la educación.

Un día, me comenta una compañera que ha topado con una antigua alumna mía. La alumna va desesperada a devolver a la biblioteca Plataforma, la novela de Houellebecq. Dice que no hay quien aguante su lectura. Que la cogió porque yo la mencioné en clase entusiasmado -yo no se la recomendé-. Que vaya tela de novela...

Ojalá todos los fracasos fueran así. A estos me sigo apuntando.

4 comentarios:

Cristina dijo...

La clave está en no hacer propias palabras ajenas, en no querer ponernos medallas no merecidas, en no confundir intertextualidad con copieteo...Yo soy muy de frases célebres y los alumnos me miran como si en esta cabeza rubia de bote hubiera un arma de destrucción masiva.
Me gusta leer y, por norma general, me vinieron bien las lecturas obligatorias de mi etapa escolar. Asi que , ahora que han quitado las cristaleras y cerraduras de la biblioteca del Fco. De los Rios, creo que iré más a menudo a hacerme con algunos clásicos...

Miguel Calvillo dijo...

Ven cuando quieras, ya sabes que es y será tu casa, tu biblioteca y tu Instituto siempre.

YOFFY dijo...

Encantada de conocerte. !Te acabo de descubrir!
Laura Álvarez, miembro del Departamento de Lengua y Literatura del Colegio San Viator de Madrid.

Miguel Calvillo dijo...

Pues yo también te descubro en este momento. Encantado de saber de ti. Nos leemos. Un abrazo.